miércoles, 17 de septiembre de 2014

MI UTMB. POR MARTÍN SCOFIELD

¿Qué decir de esta carrera que no se ha dicho ya?  Épica, preciosa, dura y cruel.  Cruel para los que con su múltiples cortes de tiempo vieron truncado su sueño.
Hoy, a unos pocos días de la prueba casi me suben las lágrimas a los ojos pensando en lo que fue, sin duda, el esfuerzo físico más grande que he tenido que hacer en mi vida.  Mi forma de hacer esta carrera no es la más idonea, quizás.

Me había preparado bastante bien para la prueba al principio del año, aunque no había hecho una carrera larga en muchos meses.  La ultima el “Osan extrem” en Abril. Y un par de vueltas al Posets.  En las 6 o 7 semanas antes de la prueba me había caído 3 veces con lesiones de rodillas, muslo, costillas.  Los días de antes tenía una contractura fuerte en la pierna.  Bueno, al final una lástima.  A ver si hay suerte.

Llegamos Óscar Plasín, Pablo Cofrades y el famoso Ramón Ferrer a Chamonix el miércoles anterior.  Quedamos con Luis Alberto Hernando y Nieves allí, Ramón iba de apoyo a su intento.  El ambiente en Chamonix genial, precioso.  Fue curioso ver a la gente acercarse a Luis para hacerse un foto o para firmar un autógrafo.  Luis con una simpatía y humildad con todos alucinante.   Al día siguiente me encuentro con Timmy Olson, comiendo en la misma cafetería y él también muy muy amable.  Gran hombre.  ¡No sé si esto pasaría con las estrellas del fútbol!

Al día siguiente a coger dorsales y al control de material. .  Super bien organizado.  Magnifica la organización.  ¡Y las vistas!  ¿He hablado de las vistas?  En Chamonix la montaña casi toca el pueblo.  Me quedé enamorado del sitio. Visita a la feria.  ¿Compro nuevos pantalones para correr?  No tengo nada claro que llevar y llevo todo el día dando vueltas al tema de la ropa.

Ya me empieza a molestar, la pierna, la rodilla, la cadera.    Supongo y espero que son nervios, pero con los dolores que había tenido hace nada por mis caídas ¿quien sabe?  Pienso que tengo solo un 50% de posibilidad de llegar siquiera al primer avituallamiento.

El día grande llega.   Ir a Chamonix de nuevo a dejar la bolsa.  Descubrimos que no se puede dejar hasta la 1:00pm.  ¡Vaya!   Todos los planes de poder comer muy pronto y dormir una gran siesta fuera.  Había que perder el tiempo sentado un un banco en Chamonix.   Comer, pasar tiempo.  Esto es lo peor de la carrera, esperar tanto.
 
Todo controlado
Estamos en la salida al menos una hora pronto, después de tener bastante suerte de encontrar un sito para aparcar en el parking de Grepón.   Montón de gente.  Se pone a llover, y mucho.  Algunos ponemos la chaqueta, otros no, como Óscar, y se calan totalmente.
  
La salida un poco deslucida por la lluvia que cae.   Había esperado las lágrimas de emoción con la música, pero no vinieron, me preocupaba la lluvia demasiado.

Salimos bien, en buena posición.  ¿Llegaría al primer control?  ¿Aguantaría la pierna?  Rápido hasta les Houches, pasamos delante de nuestro Hotel y saludo a la dueña con un “ Bonjour, Madam”.  La lluvia se intensifica.   Subida y bajada por la estación de esquí.  El terreno todo barro.  Montón de caídas.  Esto se pone difícil.

Llego bien a Contamines.  Creo que con 40 minutos sobre el tiempo de corte.   Quería coger un colchón.   Esto es de vital importancia para corredores del montón como yo.  No puedo exagerar la importancia.  En los próximos controles solo incremento un pelín mi colchón.   Subida grande ahora, eterna, a Balme donde había una hoguera con gente secándose la ropa.    Dura, dura con la lluvia y la noche, y larga, sin fin.  Hasta Croix de Bonhomme.   Bajada a Les Chapieux.   Creo que ya perdiendo mi colchón.

El nuevo día me sorprende ya en el Col de Seigne en Italia.  Unas vistas espectaculares.  Quería hacer fotos pero estaba empañada la cámara del teléfono.   Genial el valle hasta Lac Combal, la montaña nevada preciosa de verdad.

Pronto arriba de Courmayeur en col Chècrouit con un coro cantando.  No paro, tengo prisa, quiero un buen colchón para poder estar un rato en la base de vida.
La bajada, técnica y empinada, pero genial.  Disfrutando.  Demasiado.  Bajo muy deprisa y mi rodilla me da un primer aviso.   Pero sigo, quiero ganar tiempo.
Courmayeur.  Aquí las vistas de la cara sur de macizo son para quitarse el hipo.  Nunca había visto algo así.
Aquí coincido con Antonio, que había terminado el Aneto Posets conmigo cuando yo iba de escoba.   Iba a esperarme, pero le dije que se fuera, ya había estado 30 minuto allí.

Luis A. Hernando
Aquí cometo varios errores: 1º Cambiarme a una zapatillas que había llevado solo 3 o 4 veces , de 5 a 14 km de máximo, que incluso en estas distancias me había causado una ligera “molestia”.  2º Quedar en la base mucho tiempo, hasta 10 minutos antes del corte.

Subida por el pueblo con todo el sol.  Agua fresca en una fuente.  La sensación al beber no intento describir. Me acuerdo, no sé si ahora o antes, pensando que el día era de los más emocionantes de mi vida, solo superado por el día de mi boda (¡de verdad!)  y los nacimientos de mis hijos.   Estaba con una ilusión tremenda. 

Dura es la subida al refugio de Bertone. Aquí son aún mejores las vistas.  Sabía que tenía que volver con la familia.  Preciosa,  La gente ya sufría por el calor.  Genial el camino ya hasta Bonatti.  Pero no podía correr  ¿Qué me pasaba?   Me quedo sin fuerzas, las ganas se me escapan.  El momento más bajo de la carrera.

Aquí ocurrió lo que sin duda fue la clave de la carrera para mí y no sé si sabré explicarlo bien.

Si hay una cosa que he aprendido en el mundo de las ultras es que hay momentos MUY malos, y que estos momentos al final pasan si sabes gestionarlos bien.   Estaba sin fuerzas.  Me sentí.  Mucha gente me pasó, corriendo, trotando, andando.  Sabía que no podía terminar la carrera.  Creo que llega un momento en que esto ya no te importa ni siquiera.  Estás tan cansado que no puedes hacer nada.   Solo quieres parar, dormir y mañana pensar.  Hundido.

De repente tuve una experiencia que solo puedo calificar como una iluminación.  Suena ridículo y no lo puedo explicar pero de repente tenía la certeza que iba a ser Finisher.  Me vino a la cabeza una sensación de serenidad, sabía que todo iba a salir bien.  Ahora, al escribir me ponen los ojos con lágrimas al pensar en este momento.  Había un antes y un después.   Me tomé un par de Clif Bloks ( son como caramelos energéticos) y empecé a correr.  Pero correr de verdad.   Pasé un par de senderistas americanos y me animan.   Les comento que voy a terminar, y uno dice “ no te conozco pero estoy seguro que lo vas a hacer”.  Hay algo en sus voz, una sinceridad, que me llega hondo.  Les doy las gracias, de verdad, y sigo.

Pablo, Martín y Oscar
En esta prueba, más que en cualquier otra, el público es simplemente alucinante.   Te animan, te llaman por el nombre, te ven la nacionalidad en el dorsal y te hablan en inglés, o español o lo que sea.  Los críos quieren chocarte la mano.  Los pueblos se llenan de gente con alegría y entusiasmo.  Solo para ver esto merece la pena UTMB. Estoy seguro que todos los corredores han sentido este aprecio y calor del publico, que realmente es conmovedor.
Adelanto a montón de gente.  Voy ligero, feliz, imparable.  Como, bebo e acelero.  Animo a muchas a correr como yo.   Las vistas de este camino son probablemente las mejores que he disfrutado en mi vida.  La éxtasis sigue y llego bien a Arnuva.  Del Infierno al Paraíso en pocos kilómetros.
Empieza la subida a Gran Col Ferret en compañía de un inglés, Gary.   Subo bastante bien, frío arriba, y niebla.  Se forma un pequeño grupo al bajar con un francés también.  Charlando con alegría.   Ahora con la niebla es un poco más difícil seguir.  Bajar, bajar, dar vueltas y por fin llegamos a La Fouly.   Iba toda la prueba sin mis hojas de tiempos de paso que habían sido destruidos por la lluvia.  Llegamos con escasos 20 minutos creo.  Gary va más lento.  Nos agrupamos de forma espontanea un grupo de todos los países y salimos a ritmo de marcha rápida.   Ahora veo que hay dos tipos de personas:  Las que aún tienen  piernas que pueden correr en las bajadas y llanos y las que no.   Soy del primer grupo pero voy a ritmo de los no ya no pueden correr.  Error.
Tim Olson
Ya bien entrada la noche y por una zona con cortados a la derecha llegamos a un pueblo en Suiza. ¿Praz de Fort?  ¿Campex?  Precioso.   Hay un avituallamiento espontaneo dando té y café.  Paro con los demás del grupo pero no tomo nada.  Debemos ir más de prisa.   Un subida eterna al Lac Campex.  Empiezan las alucinaciones.   Veo formas, dibujos en las piedras, personas, animales, como en pinturas rupestres.  Ya me pasó el año pasado en el Grand Raid Pyrenees.   Esta vez veo también edificios.  Veo justo arriba en el bosque un edificio.  ¡Ya hemos llegado!  Pero no, al acercar se desaparece.   Y otra vez veo el edificio, y otra vez.  Parece totalmente real.  No lo imagino, lo veo de verdad.  Pero es  mentira, es un espejismo.  La hora de cierre se acerca mucho, me empiezo a preocupar, ¿Llegaremos?
Por fin llega el edificio de verdad.  Nos sobra poquísimo tiempo.¿Quince minutos?   Las alucinaciones son divertidas pero me hacen dudar de la realidad, así que tomo un buen tazón de café para intentar despejarme.  Salimos justo unos minutos antes del cierre Gary y yo.  Me paro a ajustar una cosa, a cambiar pilas.  En este momento creo que igual somos literalmente los últimos corredores en la carrera.   Hablamos de la necesidad de conseguir un colchón de tiempo.  Empiezo a correr, es bajada.  Adelanto a mucha gente  Gary intenta y al principio bien.  Tengo que parar a esperarle, le resulta muy difícil correr.  ¿Qué hago?  Me adelantan muchas de las personas que acabo de adelantar yo.  Me sabe mal.  Me alcanza por fin.  Le resulta difícil no torcerse el tobillo, dice.  Veo que no puede correr apenas.   Bueno, empiezo a tirar fuerte en la subida.  Dura subida, pero tengo piernas.  Gary sube bien.  Cada vez adelantamos a más personas.   Voy bien, concentrado.    Veo que pierdo a Gary de nuevo.  Un poco más lento.  Tiro de nuevo.   Por fin arriba.  No llega Gary, no llega.  Espero y espero.  Me adelantan otra vez montones que había pasado antes.    Hay gente que quiere dormir arriba.  Pienso que es muy mala idea.   Hay que descansar en controles.   10 minutos arriba esperando.  Por fin llega.   Está muy cansado.  Empezamos la bajada.   Gary va muy despacio.  Sé que yo podría ir más deprisa.  El tiempo se me está escapando.  Miro el reloj.  Tengo que hablar con él.   Decido hablar en media hora, a ver como vamos.

Llega el momento de la verdad.  Gary está muy cansado, no sé si piensa bien ahora, parece en otro mundo.   Baja muy despacio.  Le digo “Gary, pienso que es posible que no llegues al próximo control a tiempo.   Realmente quiero acabar esta prueba y aún puedo correr.    Voy a tirar solo a mi ritmo.  Te espero abajo hasta las 6:30 y luego me voy.”   Él está de acuerdo.  Le digo que no me gusta tener que tomar esta decisión pero no veo otro remedio. Está de acuerdo con mi decisión.
No tiene sentido que cortan a los dos, pienso.  Lo único es que va muy cansado.  Espero que no tenga problemas con caídas y que no le pase nada andando así.   En realidad no es un sitio peligroso, no hace frío, casi es de día,  hay mucha gente alrededor si pasara algo y está cada vez cerca de la civilización.  Con cierto sentido de culpabilidad me lanzo cuesta abajo solo.    Me lo he pasado bien con él y ha sido un compañero agradable.  Él había terminado UTMB el año anterior y reconoció que no estaba tan en forma este año. ( Al final se retiró en el próximo control, me aseguro que estaba bien y no perdido al preguntar en Chamonix más tarde).

Aquí empieza a dolerme la rodilla.  Bajo en poco tiempo a las afueras de Trient y veo llegar el autobús que va a llevar a los cortados.  Pero hay que bajar al centro del pueblo, y queda mucho.  La bajado por escalones me destroza la rodilla.  Dolor en cada paso.  Llego, como y salgo.  Tengo 20 minutos de colchón solo.  Ya no espero a Gary, ha pasado las 6:30.
Ahora toca concentrarme a tope.   Arriba a toda velocidad.  Consigo adelantar.  Arriba, arriba. Me duele la rodilla mucho ya.   Catogne.  Control arriba y pregunto al sanitario si tiene una venda para vendarme la rodilla.  Dice que debo llevar yo. “Control de material” dice, de broma creo.  ¡Claro que llevo!  Me pone el vendaje.  Pregunto si es fácil llegar abajo en la hora, o algo así, que me queda.  Me dicen que se puede llegar pero que hay que darse prisa.   Esto es la dificultad que tiene UTMB.  Parece que los tiempos de corte son más fáciles al final.   Pero NO ES ASÍ.  Al final vas cansado y muchas veces estás tocado de algo   Los tiempos al final son muy justos.  Si tienes las piernas que no te dejan correr estás perdido.   Ya me empiezo a preocuparme de nuevo.  Concentración a tope, a correr todo lo que puedo.  Dolor tremendo en la rodilla.   Adelanto a gente, aviso a algunos que tiene que darse prisa, muchos ya no pueden correr.   En el bosque, no veo por donde va el camino, me tiro por un sitio, ¿es el correcto?  Bueno, veo otra bandera y más o menos bien, pero no está marcado cada paso en todos los sitios, o así me parece.  Escucho abajo el ruido de Vallorcine.  Por fin salgo del bosque y con toda la velocidad que tengo llego al control.  15 minutos sobre el corte.  Menos mal que tenía un colchón de 20 en Trient, ¡sino estaría fuera!  En UTMB echan a la gente sin piedad.  Yo creo que si llegas un minuto tarde te quitan el dorsal.  ¡Que todo el mundo lo tenga claro!  ¡No apures los cortes,  son inflexibles¡  Bebo y pregunto allí a un hombre que tal el tramo al próximo corte, La Flégère.   Su respuesta me llega hondo, me deja helado:  Se puede llegar, dice, pero el tiempo que dan es bastante justo.  Veo en su cara que no miente.   Salgo a toda prisa.   ¡No me van a cortar!  ¡Ni en km 31, ni 150, ni 160!  Se convierte en mi obsesión.

De aquí a meta es el esfuerzo físico más grande que he hecho en mi vida.   Unas horas antes bajo la cara norte del Montblanc en Italia había decido acabar a toda costa.  Ahora tengo que hacerlo de verdad.  Empiezo a andar con los bastones a una velocidad de locura, realmente rápido.  Adelanto a mucha gente.  No paro, máximo esfuerzo.  Pisando la linea roja continuamente.  Llego a Col des  Montets  y empiezo la subida al Tete aux Vents.  Hay mucha, mucha gente.   Mi objetivo es adelantar a todos.  Pongo todo mi esfuerzo, el corazón al máximo como si fuera un km vertical.  No puedo dejar nada en reserva.  Las vistas son fantásticas aquí.   Se empieza a empinar la subida.  La rodilla me está chillando todo el tiempo, el dolor es como un cuchillo clavándose.  No sé si me estoy rompiendo para siempre.  Me da lo mismo.  Terminar a toda costa.  El dolor ya es tan intenso que intento subir solo con una pierna, es decir todos los pasos grandes con la pierna derecha.  Duele menos así pero voy más despacio. No está de todo claro por donde ir.  Por fin llego arriba y veo más arriba de esta parte aún una especie de cresta.  Me lanzo a correr y andar hacía ella, adelantando de nuevo.  Hay una chica japonesa, creo, que va super rápida. Intento copiarla. Cada vez que veo una persona y me pongo a tope a alcanzarla.   Pisar la linea roja, más, más, más.   Tengo que llegar.  Me entra una especie de locura.

La zona se vuelve técnica.  No tengo el perfil y mi memoria me dice que tengo que bajar 500m para La Flégère.  ¿Tengo tiempo?   Milagrosamente hay momentos en que la rodilla deja de dolerme y puedo correr, correr de verdad.   Empiezo a hablar a mi mismo de mi rodilla, y parece que la rodilla se llama Emelie Forsberg!  ¡No tengo ni idea porque! ¿Alucinaciones?  ¿Locura?  Me alcanza un hombre gallego y me dice que no hay que bajar, que La Flégère está aquí al lado, que se puede ver.  Allí está, lejos pero a mi nivel. (Había entendido mal lo de bajar)  Dice que tenemos tiempo de sobras.   Me relajo un momento.  
Voy con dolor pero un poco más despacio.  El tiempo pasa, sigue lejos.  Me pasa gente, trotando.  Intento trotar, al dolor es intenso.   Me encuentro con una senderista y le pregunto si llegaré.  Me dí cuenta que no tengo tiempo.   Me acelero otra vez, otra vez a tope.  ¡Me van a cortar en el km 160! Otra vez a la locura.   Locura.  No hay otra palabra  Me faltan 10 minutos hasta el corte. ¡Me van a cortar a 160km!!   No llego.  Decido ignorar el dolor.   Ya sé que hay un dolor horroroso pero decido no hacerle caso.  Cuando una mujer da a luz sin anestesia tiene que soportar mucho dolor y lo hace, no hay remedio.  Lo mismo aquí.  El dolor existe pero lo abrazo, lo acepto, me convierto en mi dolor.  Llego al punto en el dolor ya no me afecta.  De verdad. 
Voy contando mis pasos en la subida, a ver si avanzo suficientemente en cada minuto para llegar.  Última subida con esfuerzo máximo.   ¡Llego!  Me sobran, 4 minutos? ( de hecho luego descubro que o mi reloj va mal o hemos salido un par de minutos tarde, me sobran 6 en realidad).

No sé cuantas personas llegaron tras de mi, pocas.   Por alguna razón alguien me había comentado que a los que llegan a tiempo aquí les deja terminar en Chamonix aunque sea más tarde del corte.  Hablo con una Americana que había pasado este control con literalmente segundos de tiempo. Tiene las plantas de los pies llenos de ampollas.  Emociones fuertes.

No sé si no me fio de este rumor pero empiezo a bajar.  Me duele mucho la rodilla, doblarla es una agonía cada vez.  Ando cuesta abajo bien, luego se empina la pista, se convierte en senda, con raíces, incomoda.  No puedo correr.  Miro mi reloj a ver cuántos metros de desnivel bajo en 5 minutos,.  No son suficientes.   Intento correr.  Lo hago un minuto, dolor intenso.     El tempo pasa.  Me dice uno que quedan 3 km de senda y uno de carretera en Chamonix.   Tengo que llegar a tiempo.  Me obsesiono con esto, me da lo mismo si nos dan más minutos, tengo que llegar antes de las 15:30( ¡no tengo nada claro que los dan en realidad!).  Hago cálculos mentales.   14:50 o 15:00, no me acuerdo.  Empiezo a correr a tope, el camino es más fácil.   Ya domino esto del dolor.   La agonía está allí chillándome.   Pero ya puedo ignorarla.  Ya sé que suena ridículo pero es así.   Había tomado una decisión irrevocable que  iba a terminar.   Tenía una certeza absoluta en esto.   Me exprimo al máximo.  Lo único que importa en mi vida en estos momentos es llegar.   La concentración es intensa, total.    Consigo superar el dolor.  El dolor ya no me puede hacer más, y aún así no me ha parado.   Llevo 8  horas de dolor continuo y agudo y no me ha parado.   Reconozco que iba con una actitud psicótica, una locura, una dedicación total e absoluta.  Algunos, muchos quizás dirán que es una estupidez.  Quizás tengan razón, pero era el único recurso que tenía para terminar. A falta de entrenamiento y habilidad solo me quedaba la locura.

Llego al asfalto. Pienso en llamar a mi mujer para ver mi llegada en el ordenador, pero decido que no hay tiempo. Los voluntarios me dirigen por las calles  Empiezan los aplausos del público.  Nunca en mi vida he visto un apoyo como en esta carrera.  Solo para experimentar esto vale la pena toda la carrera.   La gente grita, aplauda, me llaman por mi nombre.  Hay mucho británicos allí, hay banderas.  Los ánimos me llegan al alma.   Corro, disfruto, más, más.  No hay dolor.  Voy mirando el reloj todo el tiempo, 6 minutos, 5 minutos.  Llego.  Miro el reloj.  ¡Me sobran 4 minutos!  ¡Quizás no hacia falta tanto esfuerzo al final!  Iba sobrado de tiempo (De hecho luego al ver que mi reloj iba mal creo que me sobraron 7 minutos!!  Tiempo final 45h 52min 49s).  Aún terminaron 10 personas detrás de mí.

Felicitación de Óscar.   Un chico llega unos segundos después de mi.  Se tira al suelo y está varios minutos llorando allí.   Otro llega, no sé si se desmaya, vienen médicos con camilla.
Finisher!!
Antes de llegar pensaba que me vendrían las lágrimas.   No vienen.   Ya no tengo energía mental ni para esto.    Me encuentro hueco, gastado.   Aún tengo piernas para moverme unos minutos más, ¡luego no!  No hay sensación de euforia.   ¡Llevo toda la carrera con euforia!     Desde que allí en Italia 24 horas antes había decido terminar la carrera ha sido la experiencia más intensa que he vivido.  Me ha comido por completo.   He dejado todo allí.  He usado todos mis recursos.  Por esto corro Ultra Trails.  Para llegar a estos momentos.   Estoy en paz.  Una paz debajo de toda la actividad del universo. La carrera me ha llevado a mis limites, pero no me ha roto.   Esta sensación la guardaré para siempre en una caja en mi alma.   Como dijo Winston Churchill en la segunda guerra mundial  “ We will never, never surrender!”  No me rendí.  Reconozco que tuve suerte, pero sobre todo que no me rendí.  Me he enfrentado a la mejor carrera del mundo y no me ha roto.  La abrazo, ha sido una experiencia tremenda, hermosa, exigente como ninguna otra. Ahora somos amigos del alma.  Las cosas que valen la pena en la vida requieren esfuerzo, siempre.  Esta carrera vale mucho, y os aseguro que, al menos para mí, ha sido dura.   Volveré.
Dedico la carrera a Ana, David y Alex, que me tienen que aguantan todos los días.  A mis compañeros de carrera Pablo Cofrades y Óscar Plasín, que grandes sois, amigos.   A mis compañeros del mejor club de montaña del mundo, Peña Guara.  Al gran Ramón Ferrer.  A mi vecino, gran corredor y persona Carlos García, a mi gran rival Michel Borrás.
Consejos:  Entrenar.  Conseguir un colchón al principio sobre los tiempos de corte.  No parar mucho en los avituallamientos.  Correr las bajadas, no andarlas. Practicar correr de noche.

12 comentarios:

cansamontañas dijo...

Una crónica? No, esto es una tragedia griega por lo menos. Cuajada de héroes, vencedores y vencidos al mismo tiempo. Increíble la fuerza de voluntad y ánimo que transmite el relato, ¡ me duele la rodilla a mí también! Espero que te hayas recuperado y que coincidamos en más carreras. Y por favor: dinos la marca de esos maravillosos caramelos super energéticos.

JAVISA dijo...

Buena crónica y enhorabuena por acabar, y si no hubieras acabado pues igual por intentarlo, aunque no es lo mismo para uno. Y no hay que caerse tanto, que si no luego pasa lo que pasa y en las ultras salen los males. Hay que correr también alguna cortita. Suerte para la próxima.

sergi abril lopez dijo...

Podria ser la mia 43h 33 minutos !! Jajaaaa muchas felicidades.
"EL DOLOR ES TEMPORAL, LA SATISFACCION PARA SIEMPRE"

pacotorrinco dijo...

Martin Amortizator;
impresionante;
enhorabuena campeon.

Monrasin dijo...

Se me saltan las lágrimas Martín.....¡te compro todas tus crónicas!!
Y un ENHORABUENA gigante!!!

Anónimo dijo...

Très joli ton recit. Bravo!

Davidph dijo...

Simplemente impresionante Martin. y enhorabuena por la hazaña lograda.

karlos dijo...

Martin, otra vez enhorabuena, te lo mereces, esto anima a seguir "sufriendo" en próximos retos.
Crónica impresionante, muestra el porque algunos locos seguimos en esto.

roberto Rodrigo Pérez dijo...

Tremendo, Martin. La decisión de acabar fue lo que te impulsó, en estas carreras la mente es más importante aún que el físico. Enhorabuena.

MA dijo...

Un espectáculo...

Bien corrida y mejor descrita. Enhorabuena crack!

sullivan dijo...

Enhorabuena Martin ..., ya no pude volver a veros a ninguno despues de la carrera, pero igualmente felicidades a todos, a Oscar y a Pablo.
Permiteme que de por buenas y corrobore todas tus descripciones y sensaciones y te aseguro que puedo hacerlas mias igualmente, incluidas las alucinaciones, sueños e imagenes en el aire, eso si, tu dolor de rodillas no, no lo habria soportado con la entereza y templazan que tu lo hiciste.
Un abrazo y nos vemos pronto, quizá en la próxima. Jorge Subías

michel Borrás dijo...

Enhorabuena Martín. Eres un tipo excepcional, de los que muy pocas veces se tiene la suerte de encontrar por la vida. No cambies nunca, sigue con tus proyectos locos, tus alimentos extravagantes, tus geles de internet...muchas gracias por la dedicatoria. Me ha emocionado.
Un fuerte abrazo